Se despertó esa mañana con lágrimas en los ojos,
tenía la almohada empapada y estaba envuelta entre sus suaves sábanas. Su pierna desnuda asomaba rodeando la larga almohada que abrazaba todas las noches. Un suspiro salió de sus labios y poco a poco se fue incorporando.
Estaba sentada en la cama, frotando su mirada llorosa cuando de repente una sonrisa malévola apareció en su rostro. Tenía el cabello despeinado, pero aun así seguía siendo tan hermosa como siempre. Sus rojas mejillas empapadas escondían pequeñas pecas casi invisibles.
Se le pasó por la mente algo, y días después se arrepintió de eso.
Llevaba días pensando en qué hacer con su vida, con la persona que amaba y decidió que lo mejor para él sería que todo se acabara. Estalló de nuevo, y una vez más las lágrimas recorrían su rostro. No quería dejarlo, pero solo le creaba problemas, y estaba harta de ver cómo puteaban a su amado.
Decisión tomada... Vaya cabeza :(
Una vez que todo llegó a su fin, se dio cuenta de lo sola que se había quedado, y se pasó horas y horas encerrada en su habitación llorando. Nadie lo sabía, y como siempre la veían con una sonrisa nadie sospechó nada, pero estaba destrozada.
Pasaron los días y una noche decidió hablar con él, pero chocaron, al parecer solo consiguió destrozar dos corazones, el de él y el suyo.
Por mucho que intentó que no se sintiera mal, que no tenga más problemas, le rompió el corazón, y hoy, por fin tiene las cosas claras. Le ama, y quiere estar con él por el resto de los días... le da igual sus defectos, su forma de ser... Su bordería la vuelve loca, su mirada la hipnotiza y él en si, le encanta.
''22... Todo quedará en nuestras memorias. Te amo y siempre te amaré, aunque me duela.**''

